Origen.
La leyenda cuenta una humilde ceremonia celebrada en los cafés de Nápoles, Italia, esa sabia y cínica ciudad donde se hace el mejor Espresso del mundo. Ahí, cuando un cliente paga en la caja después de disfrutar un suculento café y quiere aprovechar para conocer nueva gente agradable, a menudo dejan monedas de más con las siguientes palabras: “É un sospeso” (literalmente, “uno en espera”). Unos minutos u horas después un curioso aparecerá y preguntará: “¿Hay algún Sospeso para mí?”. “Sí, si lo hay”, contestará el barista y le servirá un café que lo conectará a nuestro apasionado mundo del café.
Y aquel que va hacia la barra a disfrutar el café que fue puesto “en espera” especialmente para él, forma parte de la celebración de una tradición, parte de la cultura del café que provee Caffe Sospeso.